martes, marzo 20, 2007

Noción de Patria

Cuando resido en este país que no sueña.
Cuando vivo en esta ciudad sin parpados
donde sin embargo mi mujer me entiende
y ha quedado mi infancia y envejecen mis padres
y llamo a mis amigos de vereda a vereda
y puedo ver los árboles desde mi ventana
olvidados y torpes a las tres de la tarde
siento que algo me cerca y me oprime
como si una sombra espesa y decisiva
descendiera sobre mi y sobre nosotros
para encubrir a ese alguien que siempre afloja
el viejo detonador de la esperanza.

Cuando vivo en esta ciudad sin lagrimas
que se ha vuelto egoista de puro generosa
que ha perdido su animo sin haberlo gastado
pienso que al fin ha llegado el momento
de decir adios a algunas presunciones
de alejarse tal vez y hablar otros idiomas
donde la indiferencia sea una palabra obscena.

Confieso que otras veces me he escapado.
Diré ante todo que me asomé al Arno
que hallé en las librerías de Charing Cross
cierto Byron firmado por el vicario Bull
en una navidad de hace setenta años.
Desfilé entre los borrachos de Bowery
y entre los Brueghel de la Pinacoteca
comprobé cémo puede trastornarse el
equipo sonoro del Chateau de Langeais
explicando medallas e incensarios
cuando en verdad había solo armaduras.

Sudé en Dakar por solidaridad ví
turbas galopando hasta la Mona Lisa
y huyendo sin mirar a Botticelli
ví curas madrileños abordando a rameras
y en casa de Rembrandt turistas de Dallas
que preguntaban por el comedor
suecos amontonados en dos metros de sol
y en Copenhague la embajada rusa
y la embajada norteamericana
separadas por un lindo cementerio.

Ví el cadaver de Lidice cubierto por la nieve
y el carnaval de Río cubierto por la samba
y en Tuskegee el rabioso optimismo de los negros
probé en Santiago el caldillo de congrio
y recibí el Año Nuevo en Times Square
sacándome cornetas del oído.

Ví a Ingrid Bergman correr por la Rue Blanche
y salvando las obvias diferencias ví
a Adenauer entre débiles aplausos vieneses
ví a Kruschev saliendo de Pennsylvania Station
y salvando otra vez las diferencias
ví un toro de pacifico abolengo
que no quería matar a su torero.
Ví a Henry Miller lejos de sus tropicos
con una insolación mediterránea y me
saqué una foto en casa de Jan Neruda
dormí escuchando a Wagner en Florencia
y oyendo a un suizo entre Ginebra y Tarascon
ví a gordas y humildes artesanas de Pomaire
y a tres monjitas jóvenes en el Carnegie Hall
marcando el jazz con negros zapatones
ví a las mujeres más lindas del planeta
caminando sin mí por la Vía Nacionale.

Miré, admiré, traté de comprender
creo que en buena parte he comprendido
y es estupendo todo es estupendo
solo allá lejos puede uno saberlo
y es una linda vacación.
Es un rapto de imágenes.
Es un alegre diccionario.
Es una fácil recorrida.
Es un alívio.

Pero ahora no me quedan mas excusas
porque se vuelve aquí siempre se vuelve.
La nostalgia se escurre de los libros se
introduce debajo de la piel y esta ciudad
sin parpados este país que nunca sueña
de pronto se convierte en el unico sitio
donde el aire es mi aire
y la culpa es mi culpa
y en mi cama hay un pozo que es mi pozo
y cuando extiendo el brazo estoy seguro
de la pared que toco o del vacío y cuando
miro el cielo veo acá mis nubes y allí
mi Cruz del Sur, mi alrededor son los ojos
de todos y no me siento al margen
ahora ya se que no me siento al margen.

Quiza mi unica noción de patria sea
esta urgencia de decir Nosotros.
Quizá mi unica noción de patria sea
este regreso al propio desconcierto.

Mario Benedetti

1 comentario:

knano dijo...

pasando a saludar, cuidate mucho